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La pintura exigente

El color y el movimiento son los protagonistas de sus pinturas. Crean un clima irrepetible: A veces nostálgicos, como un pensamiento congelado, otros llenos de expresión, como una explosión de emociones.

La artista vivió en Varsovia, Berlín, Leipzig, Utrecht, Ámsterdam, París, Viena y Madrid. Ha estudiado no sólo pintura, sino también filología germana, sociología y conservación y restauración de obras de arte. Viajó por casi toda Europa. Es un espíritu inquieto. No sabe permanecer en un sitio por tiempo prolongado. Su pintura es igual de inquieta, delirante y llenas de giros. Estudiando restauración de obras de arte se especializó en la pintura de los maestros del siglo XVIII. Conoció los secretos de sus técnicas. Viajando contempló las mejores colecciones de los museos europeos. No le es ajena la casi abstracta pintura de Tiziano, ni la dispersa, brillante y vibrante nebulosa de los Nenufaros de Monet, ni tampoco las increíbles evoluciones colorísticas de Mark Rothko. Eva Bekier conoció a fondo el trabajo de sus geniales antecesores, para, casi por completo, rechazarlos y crear su propio y muy original concepto de la pintura. Original en su valor estético y en su método tecnológico.

Eva Bekier se sirve de una complicada técnica, en la cual junta sobre el soporte de cartulina pintura acrílica con esbozos de pastel y, parcialmente, con lápiz, en sitios ya cubiertos con gruesa capa de pintura. Es una pintura espontánea que se alimenta de emociones y que crea emociones, pintura muy alejada de las rigurosas formas geométricas o muy de las deliberadas construcciones. A la pintura de Eva Bekier no se le puede negar una autenticidad. Sus trabajos dan la impresión de una composición que se dirige a todas direcciones. El límite del cuadro es, para ella, accidental. La artista se sirve de una limitada gama de colores: blancos plateados, grises, azules fríos y de vez en cuando ocres. La composición monocromática se crea dejando una delicada factura de las numerosas capas pictóricas.

La pintura de Eva Bekier exige mucho de quien la mira.. Una persona dispersa pasará a su lado sin haberla visto. Sus trabajos no gritan colores, no representa objetos atractivos de la vida real, ni de cuerpos bellos, ni frutas jugosas, ni tampoco lisas superficies que quiebran la luz.

Su pintura es para gente observadora, reflexiva y analítica. Para quienes encuentran la belleza en una rugosa superficie de una piedra y en su original diseño.

Este tipo de pintura la valoran los amantes del color sublime y, a la vez, sofisticado, de delicados movimientos y de su casi inivisible percepción de las tonalidades.

Agnieszka Gniotek, crítico de Art & Bussiness



Con verdadero placer contemplé la pintura de Eva Bekier en Art Novum, en Varsovia. Sus trabajos presentan una sutil y rebuscada hipnosis de expresiones y emociones, una especie de diario emocional. A pesar de la reducida gama de colores, Eva Bekier consigue unos efectos pictóricos muy ricos, provoca con un dibujo inquietante e incita descubrir su secreto. Es una pintura muy intima, creada por una persona de una sensibilidad extraordinaria, y dirigida a unos espectadores muy exigentes.

Prof. Roman Wozniak (Academia de Bellas Artes, Varsovia)



Eva Bekier, artista y ciudadana de Europa, quizá de esta nueva Europa de la unificación. Nadie mejor que ella, que ha vivido y realizado estudios en diversos países, doctorándose en sociología, sus estudios de restauración..., combinando experiencias en ciudades como Berlín, Amsterdam, Varsovia, París y, por último, Madrid, en donde Eva Bekier ha encontrado en la pintura ese mundo buscado desde siempre, desde el arte de la oposición, tan enraizado en la cultura europea, de movimientos como expresionismo y fauvismo.

De hecho la pintura de Eva respira esa incomodidad del ser humano crítico ante tantas cosas..., con su gesto fuerte, y a la vez tierno, envuelto en una dramática atmósfera. Son fuertes sus contrastes que parecen conducirnos a esa luz que surge en destellos apasionados, donde su obra reaviva esperanza como el puente que enlaza la dicotomía entre el bien y el mal.

Jaime Sánchez



Decía Jean Dubuffet que el arte consiste esencialmente en la exteriorización de los movimientos de humor más íntimos. Para que dicha expresión se produzca, el artista debe hallarse solo, ajeno temporalmente al bullicio del mundo, porque únicamente en soledad surge en el individuo la necesidad de inventar para sí mismo y por sus propios medios, un lugar adecuado donde poder estar y sentirse bien. En estos ámbitos de creación personal surgen las obras que luego encontrarán proyección en quienes las miran, estableciéndose así un vínculo especial entre el artista y el espectador.

Eva Bekier pinta desde sus espacios privados alimentándose diariamente con la sana impureza de sus colores: negro, blanco, gris dominantes; algún azul, ocre o rojo. a golpe de brocha, de embadurnado, de grattage, de instantáneo gesto caligráfico, de collage. hasta completar los ritmos conmovedoramente disonantes de sus cuadros. Eva Bekier es, como lo fueran aquellos que en su día defendieron la "brutalidad" de la pintura, una artista cuya reivindicación de lo espontáneo, de lo inmediato y en consecuencia de aquello que brota sin las interferencias de la lógica del mundo, no está reñida con la profundidad psíquica subyacente bajo las capas epidérmicas de la materia. Dejar hablar a la herramienta y al material fue también una de las cláusulas dubuffetianas; no importa si el resultado final es abstracto o figurativo, a mi entender calificaciones anodinas, sino si a lo largo del proceso de creación ha existido autenticidad expresiva que a la postre conecte con quien la observa. Lo que en términos convencionales sería la "inspiración", candente sin duda en la mayor parte de las pinturas de Eva Bekier.

La exposición que ahora nos presenta esta artista afincada desde hace diez años en Madrid y cuya inquietud cosmopolita le ha llevado a vivir y exponer en París, Amsterdam, Varsovia., incluye una cuidada selección de obras recientes en acrílico sobre papel y cartulina. Una técnica que se adecua perfectamente al espíritu expresionista de Bekier, y nuevamente apela, en su elección, a la digna pobreza de los útiles de trabajo del pintor. El impacto de estas creaciones, viscerales a veces, otras anhelantes o enternecedoramente salvajes, y siempre poéticas, bellas en lo oscuro que encarnan, radica en esa capacidad de la pintora para dar la vuelta a lo iniciado. Un saber virar en el momento preciso, atenta a lo que su yo primordial le dicta; un evidente dominio de la improvisación que es también puro talante, y cómo no, ese afortunado encontrar sin buscar. Ahí es donde hallamos la atracción seductora de Eva Bekier, la frescura inmanente de estas pinturas al margen de las lecturas que queramos arrancar de ellas. Lo informe se transmuta en algo con cierta pesantez o corporeidad, lo aéreo o fugaz parece de pronto condensarse en masa, bloque, forma, volumen. densidades y transparencias configurando elementos básicos de la realidad, rasgos ingenuos de un paisaje imaginario, una casa, un muro, una ventana. El color es responsable de cuántos fenómenos (a menudo visionarios) ocurren en los soportes siempre cambiantes, dinámicos y vivos, de Eva Bekier. Una artista para quien la pintura implica la progresiva toma de conciencia del aislamiento al que su conjuro condena, aunque ello no significa siempre perderse en caminos anegados, sino saber adivinar la luz al final del túnel.

Amalia García Rubí



Impresiones tras la exposición de París (2005)

"Los muros desgastados, los restos de pinturas, la belleza de una ciudad degradada. Poesía."
Luna Benemugi

"Ella, con bravura, de deja huellas de ella misma en su pintura."
Martin Malkonian, poeta

"Trabajos bellos. Invocan los sueños y emociones."
J. Dantem



Eva Bekier realizó sus estudios en la Academia de Dibujo y Pintura de Waldemar Dinermann, profesor de la Escuela de Bellas Artes de Milwaukee (EE.UU.), y posteriormente en la Academia de Dibujo y Pintura de Jaime Sánchez, en Madrid; realizando exposiciones en diversas galerías de Varsovia, Berlín y Amsterdam, Madrid y por último, en París.